lunes, 21 de abril de 2008

17. No busquez razones

1. No intentes comprender la cruz de tus sufrimientos. Haz que tu manera de sufrir pueda servir de luz en el camino para los que caminan crucificados a tu lado.

2. No pidas explicaciones a Dios sobre tus sufrimientos. Es posible que Dios te pida que primero le expliques tu mísmo, por qué crucificaste a su Hijo. ¿Sabrás responderle?

3. La cruz no es para comprenderla sino para llevarla y vivirla. Por eso no la llevamos en la cabeza sino en los hombros. Cuando tratas de comprender tu amor, el por qué amas, ya has dejado de amar. Es preferible que ames, a que puedas explicar el amor.

4. No le preguntes a Dios: ¿por qué? Si para amar necesitas razones ya no amas de verdad. La única razón por la que Dios te ama es que El es amor.

5. El saber por qué sufres, en nada aliviará tu sufrimiento. Lo único que aliviará tu dolor es demostrar que tú eres más fuerte que todas tus penas, porque entonces podrás sobrellevarlas, en vez de cargarlas.

6. No selecciones las cruces. A veces las más pequeñas son las que más duelen. Además, si las escoges, siempre quedarás insatisfecho pensando que pudiste elegir una más pequeña y la que llevas la verás demasiado grande para tus hombros.

7. Las cruces no se aman. Las cruces se llevan. Pero si no puedes amar las cruces, si puedes amar la causa y el motivo por los cuales vale la pena llevarlas. Jesús no amó nunca el madero que llevó. Pero mientras lo llevaba, no dejaba de pensar en tí. Por eso le pesaba menos.

A Dios le sobran razones para amar.
Tu encuentra al menos una.

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