Esta es una tarea dificil no tanto por lo de cambiar a los demás, sino mas bien por que para tratar de hacerlo debemos primero cambiar nosotros mismos.
1. Tienes ganas de cambiar al mundo y de cambiar a los demás. ¿Por qué no vives de tal manera que hoy los demás, al verte, sientan tremendas ganas de cambiar?
2. Para amar a los demás no exijas que cambien, que sean mejores. Ámalos y acéptalos como son y verás como ellos mismos comenzarán a ser diferentes, distintos a lo que eran ayer.
3. Cuando intentes cambiar a los demás, piensa si no estarás tú mismo ocultando tus propios defectos tras el biombo de tu celo y de tu preocupación por ellos. Los defectos personales son lo suficientemente sutiles como para esconderse detrás de una preocupación por hacer mejores a los otros.
4. Los demás son el mejor espejo donde se ven más claros tus propios defectos. Lo que en tí justificas como virtud, lo ves como fallo en los otros. Míralos y luego date tu propio veredicto.
5. Cambiar no significa parchar la vida, sino comenzar a vivirla de otra manera. Vivirla como has dejado de vivirla hasta ahora.
6. Cuando la gracia haya cambiado tu corazón, aprenderás a comprender mejor el corazón de los demás. Porque entonces los verás como los suele ver el Señor. Con ojos de Padre.
7. Cuando tú hayas cambiado, no será necesario que lo digas. Para quién vive la alegría, no es necesario hablar mucho de ella. La irradia. Cuando te perfumas, es posible que tú mismo no percibas tu buen olor. Serán los demás quienes te lo hagan saber.
sábado, 5 de julio de 2008
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